Ella es una mujer alta y de porte elegante, con una mirada inquisitiva y de excelente trato. La Dra. Zulay Pérez de Layrisse hizo entrada al lugar de la entrevista y de inmediato procedió a darnos la bienvenida y a presentarse, sin dejar dudas acerca de su ánimo de colaboración en la labor que nos reunía en su casa.
Esta mujer de suaves maneras y carácter firme, es una de los 30 llamados Counsellors o Consejeros Internacionales de los Talleres de Histocompatibilidad dictados en América Latina.
Elegida como consejera en 1980, hasta 1990 fue la única latinoamericana del grupo, en su mayoría formado por investigadores pertenecientes al área de inmunogenética del complejo principal de histocompatibilidad.
Le envían artículos para ser revisados, que van a ser publicados en revistas de corte internacional, entre las que se puden mencionar «Tissue Antigens» (Antígenos de Tejidos) y «Human Immunology» (Inmunología Humana), publicaciones de mucho prestigio en el campo de la histocompatibilidad. “Que te manden los artículos para que los revises, trabajos enviados generalmente a dos personas y tú seas una de ellas y puedas dar tu opinión antes de que sean publicados es un honor, pues se piensa que conoces suficientemente sobre el área para hacer ese trabajo”.
La Dra. Layrisse y un grupo de latinoamericanos, a inicios de la década de los 80, fundaron la Sociedad Latinoamericana de Histocompatibilidad Inmunogenética, institución de la que fue presidente en dos oportunidades para luego formar parte de su junta directiva.
Como un reconocimiento importante, esta sociedad creó una conferencia que fue llamada “Zulay Layrisse”, a dictarse cada 2 ó 3 años, durante los talleres por ellos organizados cada vez que se reúnen a nivel latinoamericano.
Los genes y la cultura
Zulay Pérez de Layrisse comenzó sus trabajos de investigación junto a su esposo, el Dr. Miguel Layrisse, quien fuera su mentor. Parte de las investigaciones realizadas versaron en torno a los antígenos eritrocitarios o inductores de anticuerpos en los glóbulos rojos de la sangre, el Mito del Factor Diego y las frecuencias de los sistemas eritrocitarios.
Posteriormente, la Dra. Layrisse trabajó con los antígenos leucocitarios o ALH, proteínas presentes en las membranas de las células nucleadas del organismo.
Estos antígenos se encuentran en concentraciones especialmente altas en la superficie de los glóbulos blancos o leucocitos.
Los antígenos ALH son utilizados por el sistema inmune del cuerpo para el reconocimiento y diferenciación de sustancias extrañas.
Hay muchas proteínas diferentes de histocompatibilidad y un individuo posee solamente un conjunto pequeño y prácticamente único de ellas, que se hereda de los padres.
Es poco probable que dos personas sin ningún parentesco presenten igual estructura de ALH.
Para el año de 1954 existían en Venezuela poblaciones indígenas que todavía estaban intactas. La Dra. Layrisse y su equipo estudiaron sus antígenos y editofitarios primero y luego sus antígenos leucocitarios.
Del análisis realizado se obtuvieron datos que completaron las tendencias culturales, pues el factor genético poseía características generadas por la influencia del aislamiento, como por ejemplo la endogamia (matrimonio entre miembros de la misma tribu).
Observaron cómo el conocimiento de sus genomas, sus antígenos y sus genes arrojaban información sobre el origen de las costumbres de este pueblo.
“Investigamos cómo habían evolucionado esos genes en las poblaciones indígenas,descubriendo que eran una respuesta, en el caso de los antígenos leucocitarios, al medio ambiente y una consecuencia de su endogamia, ese era el interés que había”, afirmó la Dra Layrisse.
En los años 70 se sabía poco sobre el sistema de leucocitos, llamados sistemas de histocompatibilidad o sistemas de tejido compatible. “Se fueron conociendo por una colaboración a nivel internacional; fuí invitada a participar como parte activa en un grupo de colaboradores compuesto por investigadores de Estados Unidos, Europa y Asia.
El aporte que podía dar era precisamente sobre poblaciones que no se encontraban en estos continentes, fueron los indígenas de Venezuela los que dieron información nueva en ese sentido”. A medida que se fue ampliando el conocimiento sobre ese sistema, la Dra.
Layrisse fue contribuyendo con lo descubierto en los pueblos de los nativos de Venezuela.
Una de las primeras investigaciones realizadas fue en la población Warao del Delta del Orinoco. Allí se localizaron familias indígenas que fueron sometidas a estudio, para lo que tuvo primero que ir el antropólogo y hablar con el jefe de la tribu, localizar a las familias para el examen y obtener la autorización de las mismas para donar una muestra de su sangre.
“De esas expediciones el hermano de Marcel Roche hizo una película, la llamaban el correo científico, para ilustrar todo el esfuerzo que se hacía al realizar esos viajes. Es importante destacar la colaboración del FONACIT, en aquella época CONICIT, el cual ayudó dando financiamiento para equipos”.
En los cultivos que se hicieron se observaron cuáles leucocitos eran homocigotos, es decir los que heredan el mismo gen del padre y de la madre y lo tienen en doble dosis. También se analizó su comportamiento, cómo inducían o no respuestas en una misma familia o entre diferentes núcleos, lo cual arrojó como resultado la identificación de nuevas variantes que estaban en los individuos y no en las poblaciones urbanas, “los indígenas tenían defensas muy altas y servían, entonces, de instrumento para conocer cómo reaccionaban al entorno cultural en proporción a los otros, a los que venían con ropa”.
La Dra. Layrisse descubrió tres variantes nuevas que eran desconocidas a nivel internacional porque sus orígenes radicaban en los indígenas venezolanos. En la década cercana a los noventa se hizo la secuenciación de las mismas y se confirmó que eran variantes que no se conocían antes.
“Fueron las primeras descubiertas en las poblaciones indígenas latinoamericanas, con el tiempo han aparecido otras, pero los instrumentos y metodologías de la época no nos permitiron avanzar más.
Ahora se cuenta con una metodología más sofisticada gracias a lo cual se han encontrado otras variantes que solamente existen en los indígenas y que se cree se desarrollaron aquí in situ en América del Sur, como una respuesta al medio ambiente. Estos antígenos leucocitarios tienen mucha influencia, hacen apto al organismo para que éste se defienda formando anticuerpos o células citotóxicas que desarrollan una respuesta inmunológica” afirmó la Dra Layrisse.
Su Legado
El Premio Nacional de Ciencia tiene por objetivo reconocer el aporte realizado por los investigadores a la generación y aplicación de conocimientos en el país, para ello se toma en consideración la profundidad, importancia y trascendencia de su trabajo, así como el impulso y aporte a la actividad de investigación que se desarrolla por el investigador a nivel nacional.
El premio representa el apoyo y el reconocimiento a la dedicación.
“Tiene mucho significado en la vida de un investigador es muy importante. Las respuestas que he tenido de compañeros de trabajo son un reflejo de ello, me han felicitado con efusividad, la gente aprecia el premio como algo significativo” .
La Dra. Zulay Pérez de Layrisse ha entrenado en su laboratorio a estudiantes de pre y postgrado (M.Sc. y Ph. Sc.) venezolanos y de diferentes países latinoamericanos como Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador, Perú y Colombia.
Entre sus proyectos futuros se incluyen estudios de pacientes con problemas reproductivos e investigaciones de otros factores localizados en la misma región genética.
Hablar del sistema de histocompatibilidad y de los antígenos leucocitarios es hacer referencia a los trabajos realizados por la Dra. Zulay Pérez de Layrisse, apasionada de la ciencia y transmisora de conocimientos: dos características que se ven a lo largo de su carrera como científica investigadora.